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jueves, 29 de agosto de 2013
En la casa del Padre
Venid, oh santos, que habéis ofrecido una vida de continencia, de oración, de esperanza, de amor, de mortificación, de ayuno, de penitencia.
Venid, oh vírgenes sabias e inmaculadas, que me elegisteis por esposo vuestro.
Venid, oh padre de familia virtuosos, edificantes; venid, oh madres de familia castas, vigilantes y temerosas de Dios; venid, muchachos sobrios y puros.
Venid, vosotros que amasteis a los pobres y conservasteis la caridad, que os habéis hecho imitadores míos, yo que soy todo caridad y amor.
Venid, oh dignos y celosos pastores, ocupad vuestro lugar dentro del rebaño fiel, que formará vuestra corona para la eternidad.
Ven, oh dulce rebaño, sigue a tu santo pastor; tú escuchaste su palabra, le obedeciste, recibe la recompensa que te corresponde.
Venid, benditos todos de mi Padre, benditos míos, benditos del Espíritu Santo, herederos de Dios, coherederos de Jesucristo; entrad en posesión del Reino que os fue destinado desde los primeros días del mundo (OO I, 223).
lunes, 20 de mayo de 2013
Oración por los seminaristas
Oh Jesús, Sacerdote Eterno, que en tu infinita bondad y providencia te dignas escoger de entre los hombres a los que llamas al estado sacerdotal, para que se ocupen de las cosas que pertenecen a Dios. Mira cuán sensible y desventajosa es para tu Iglesia la disminución de los jóvenes que aspiran al sacerdocio, y cuántos pueblos hay que no tienen el suficiente número de sacerdotes para satisfacer su necesidad de Dios.
Las tentaciones utilitaristas de la época y el sensualismo de la vida, ha matado en los jóvenes la fe y las aspiraciones a lo sabrenatural, sólo buscan las ventajas y las comodidades personales que los arrastran al placer y al dinero.
Cese el ejército de los que marchan con la mirada fija y obsesionada en los bienes de la tierra, olvidados de los bienes eternos del cielo. Dígnate oír nuestra humilde oración en beneficio de tu Iglesia, y multiplica en favor de tus seminaristas las gracias que necesitan para perseverar y que sean sacerdotes según tu corazón: amantísimos de la humildad, de la pureza, de la obediencia y de las almas que redimiste con tu preciosa sangre.
Virgen Santísima, Inmaculada María, presenta a tu Hijo Jesús nuestra humilde súplica, para que los seminaristas y religiosos de todo el mundo, sean santos de verdad y fieles a la gracia de su vocación.
Por: Zayra Rosas
jueves, 16 de mayo de 2013
Sacerdotes al gusto…
El sacerdote es el blanco de todas las miradas, opiniones y chismes. Como no es "monedita de oro", es imposible que agrade a todos.
Él es un ser humano como tú y como yo. Pero con la gracia de Dios ha encontrado la fuerza para dedicar su vida a anunciar a Cristo y actuar como un “embajador de Cristo”, como diría san Pablo. Esto significa que él predica la palabra a tiempo y a destiempo; él representa a Cristo en aquellos momentos en que Él está sacramentalmente presente…
Para muchos, un Sacerdote…
Si es gordo, ha de ser un tragón; si es flaco ni para comer es bueno.
Si es viejo, no nos comprende; si es joven, ¡ése qué me va a enseñar!
Si es alegre, ni parece padre; si es serio, es muy enojón.
Si es guapo, ¡qué desperdicio!; si es feo, ¡con razón se metió de cura!
Si es moreno, lo quieren blanco; si es blanco, ¡se cree de sangre azul!
Si es comprensivo, no tiene carácter; si es rígido, ese padre no tiene sentimientos.
Si fuma o toma, es un vicioso; si no lo hace, ¿es que no es hombre?
Si canta bien, es un vanidoso; si canta mal, mejor que se calle.
Si es activo, no nos deja descansar; si es tranquilo, éste no es como el que se fue.
Si visita a las familias, es muy amiguero y ¡nunca está en la parroquia!; si no sale, ¡es que no se preocupa por buscar a las almas perdidas!
Si va con los ricos, se quejan los pobres; si va con los pobres desprecia a los ricos.
Si trata más a los hombres, se quejan las mujeres; si atiende a las mujeres, lo critican los hombres.
Si convive con los niños, ¿no abusará de ellos?;
Si toca algún instrumento musical, es un disipado; si no toca ninguno, es un bueno para nada.
Si nos cae mal, se juntan firmas para que lo cambien… Cuando se va, se juntan firmas para que se regrese, porque el nuevo es peor que el anterior.
Pero, usted, ¿cómo quiere que sea su sacerdote?
El sacerdote está hecho del mismo barro que usted, es un espejo de las virtudes y defectos de su familia y del ambiente de su tiempo. Pida a Dios que no sea como a usted le agrade, sino como lo necesita la Iglesia.
1 Corintios 4, 9-13: “Pienso que a nosotros, los Apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, ya que hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. Nosotros somos tenidos por necios, a causa de Cristo, y en cambio, ustedes son sensatos en Cristo. Nosotros somos débiles, y ustedes, fuertes. Ustedes gozan de prestigio, y nosotros somos despreciados. Hasta ahora sufrimos hambre, sed y frío. Somos maltratados y vivimos errantes. Nos agotamos, trabajando con nuestras manos. Nos insultan y nosotros les deseamos el bien. Padecemos persecución y la soportamos. Nos calumnian y consolamos a los demás. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, objeto de desprecio para todos hasta el día de hoy”.
Y a propósito…
¿Cuántos minutos de su día dedica para orar por sus sacerdotes?
¿Sabía usted que ellos necesitan más de una oración que de una crítica?
¿Necesitamos quererlos como son? ó ¿que sean como queremos?
Dios los eligió por alguna razón que nosotros no podremos comprender.
¡Adopta un Sacerdote y comienza a orar por él, porque es lo que más necesitan en su dura vocación! Ah… y si conoces a algún seminarista y puedes ayudarlo (en todos los sentidos), sólo hazlo.
Recuerda algo, el enemigo piensa así: la forma más fácil de acabar con el rebaño es acabando con el Pastor
Por: on.fb.me/10IHpq5 [adaptación]
Si es moreno, lo quieren blanco; si es blanco, ¡se cree de sangre azul!
Si es comprensivo, no tiene carácter; si es rígido, ese padre no tiene sentimientos.
Si fuma o toma, es un vicioso; si no lo hace, ¿es que no es hombre?
Si canta bien, es un vanidoso; si canta mal, mejor que se calle.
Si es activo, no nos deja descansar; si es tranquilo, éste no es como el que se fue.
Si visita a las familias, es muy amiguero y ¡nunca está en la parroquia!; si no sale, ¡es que no se preocupa por buscar a las almas perdidas!
Si va con los ricos, se quejan los pobres; si va con los pobres desprecia a los ricos.
Si trata más a los hombres, se quejan las mujeres; si atiende a las mujeres, lo critican los hombres.
Si convive con los niños, ¿no abusará de ellos?;
Si toca algún instrumento musical, es un disipado; si no toca ninguno, es un bueno para nada.
Si nos cae mal, se juntan firmas para que lo cambien… Cuando se va, se juntan firmas para que se regrese, porque el nuevo es peor que el anterior.
Pero, usted, ¿cómo quiere que sea su sacerdote?
El sacerdote está hecho del mismo barro que usted, es un espejo de las virtudes y defectos de su familia y del ambiente de su tiempo. Pida a Dios que no sea como a usted le agrade, sino como lo necesita la Iglesia.
1 Corintios 4, 9-13: “Pienso que a nosotros, los Apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, ya que hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. Nosotros somos tenidos por necios, a causa de Cristo, y en cambio, ustedes son sensatos en Cristo. Nosotros somos débiles, y ustedes, fuertes. Ustedes gozan de prestigio, y nosotros somos despreciados. Hasta ahora sufrimos hambre, sed y frío. Somos maltratados y vivimos errantes. Nos agotamos, trabajando con nuestras manos. Nos insultan y nosotros les deseamos el bien. Padecemos persecución y la soportamos. Nos calumnian y consolamos a los demás. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, objeto de desprecio para todos hasta el día de hoy”.
Y a propósito…
¿Cuántos minutos de su día dedica para orar por sus sacerdotes?
¿Sabía usted que ellos necesitan más de una oración que de una crítica?
¿Necesitamos quererlos como son? ó ¿que sean como queremos?
Dios los eligió por alguna razón que nosotros no podremos comprender.
¡Adopta un Sacerdote y comienza a orar por él, porque es lo que más necesitan en su dura vocación! Ah… y si conoces a algún seminarista y puedes ayudarlo (en todos los sentidos), sólo hazlo.
Recuerda algo, el enemigo piensa así: la forma más fácil de acabar con el rebaño es acabando con el Pastor
Por: on.fb.me/10IHpq5 [adaptación]
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